Renewing Your Spirit
Weekly blog from Dr. Dimas Castillo, Senior Pastor, Living Hope Community Church, Jacksonville, NC
Sunday, April 12, 2026
“Señor, Enseñanos a Orar”
Thursday, April 9, 2026
Culpable, Pero Libre
Texto Bíblico“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más,nestando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos,nfuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremosnsalvos por su vida.”Romanos 5:6–10
Recientemente leí una historia que me llamó
mucho la atención. Describe el juicio de un hombre que, al morir, se encuentra
de repente ante la presencia de Dios. Allí, todo lo que él hizo en vida fue
presentado en una pantalla gigante delante de él: cada rebelión contra Dios,
cada pensamiento impuro, cada momento en que quiso tomar control de su propia
vida, cada pecado cometido en secreto. No había nada oculto. Todo estaba
expuesto con una claridad aterradora. Y mientras observaba esa pantalla, el
hombre comenzó a sentirse pequeño, avergonzado, y completamente sin defensa en
el banco de los acusados.
El juez , quien era juez y jurado a la misma
vez — escuchó todo el caso. No había apelaciones posibles; su palabra era la
última. El veredicto fue claro y justo: CULPABLE. Culpable de todos los cargos,
y la sentencia era muerte eterna. El hombre sabía que lo merecía. No tenía
argumentos. Su silencio era una confesión. Pero entonces, algo inesperado
sucedió. El juez pidió silencio en la sala y dijo con voz solemne: “Tu culpa ya
fue pagada. Véte. Eres libre.”
Al salir, el hombre no pudo hacer nada más que
caer de rodillas y llorar. Porque en ese momento entendió algo que nunca había
comprendido del todo: no era simplemente una persona buena que de vez en
cuando cometiera errores. Era un enemigo de Dios, un rebelde, opuesto a Él
en todo. Y sin embargo, había sido liberado, porque Jesús pagó el precio, tomó
su lugar, y cargó con el castigo que él merecía. Así es como Romanos 5 lo
describe: no morimos por el justo ni por el bueno, pero Dios demostró su amor
en que Cristo murió por nosotros cuando aún éramos pecadores, débiles, y
enemigos de Dios. Esa es la gracia. Eso es el evangelio.
Cuando entendemos el regalo de la cruz, también entendemos el propósito para el cual estamos en este mundo: dar gracias a Dios, darle honor y gloria, porque solo Él se lo merece todo. Hoy, toma un momento para sentarte en silencio delante de Dios. Permítete recordar quién eras antes de su gracia. Recuerda la deuda que no podías pagar. Y luego, recuerda las palabras del juez: “Tu culpa ya fue pagada. Eres libre.” Deja que esas palabras moldeen cómo tratas a los demás, cómo hablas de Jesús, y cómo comienzas cada nuevo día.
Oración
Señor Jesús, gracias porque no esperaste a que yo fuera digno. Moriste por mí cuando todavía era tu enemigo, cuando era débil, cuando estaba perdído en mi propio pecado. Hoy confieso que no tengo nada que ofrecerte excepto mi necesidad y mi gratitud. Que la verdad de la cruz no sea solo algo que creo con mi mente, sino algo que transforma mi corazón día a día. Ayúdame a vivir como alguien que ha sido perdonado, reconciliado, y puesto en libertad por tu gracia. Que toda mi vida sea un reflejo de tu amor. En tu nombre precioso, amén.
Pastor Dimas
Sunday, April 5, 2026
No Te Lo Pierdas
Juan 20:19–20 “Cuando llegó la noche de
aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas donde
los discípulos estaban reunidos… vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a
vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y
los discípulos se regocijaron viendo al Señor.”
Los discípulos estaban detrás de puertas cerradas. Estaban
asustados, de luto, desorientados. Habían visto morir a Jesús y, con Él, toda
esperanza que habían puesto en su nombre. No sabían qué hacer a continuación.
Así que cerraron las puertas y se apiaron juntos en la oscuridad.
Y entonces Jesús vino y se puso en medio de ellos. No a través
de la puerta — a través de las paredes. No como un fantasma, no como una
visión, sino como el Señor resucitado, todavía llevando las heridas de la cruz
en su cuerpo glorificado. “Paz a vosotros.” Y luego les mostró las manos.
Todo cambió en ese momento. No porque los discípulos hubieran
hecho algo bien — de hecho, habían hecho casi todo mal. Habían discutido sobre
quién era el más grande, se habían dormido en el huerto, se habían dispersado
en su arresto y lo habían negado. Pero el Jesús resucitado fue a ellos de todas
formas. Fue con paz, no con acusaciones. Fue con presencia, no con castigo.
Este es el corazón de todo lo que hemos explorado esta semana.
Los fariseos no eran dóciles. No estaban abiertos. Habían decidido cómo se veía
Dios, y cuando Dios apareció vistiéndose diferente, lo rechazaron. Los
discípulos, con todos sus fracasos, permanecieron al alcance de Jesús — y Él
los alcanzó.
Ser dócil no significa no tener convicciones. Significa sostener
tus convicciones con manos abiertas, permanecer genuinamente disponible a lo
que Dios pueda decir a continuación, mantenerte lo suficientemente cerca de
Jesús como para que cuando aparezca — inesperadamente, en las habitaciones
cerradas de tu vida — lo reconozcas.
Él ha resucitado. No es una tradición que mantener ni una
doctrina que defender — aunque la doctrina importa y la tradición tiene su
lugar. Es una Persona viva que sigue apareciendo en habitaciones cerradas,
sigue hablando paz a discípulos asustados, sigue ofreciendo sus heridas como
evidencia de que el amor llegó hasta la muerte y salió del otro lado. No te lo
pierdas. Él es a quien has estado esperando toda tu vida.
Reflexión
► Al llegar al final de esta semana, ¿qué ha hecho surgir el Espíritu Santo en ti — sobre tus propias tendencias hacia el desempeño religioso, la obediencia selectiva o un corazón cerrado?
► ¿Cómo
sería vivir la próxima semana con manos verdaderamente abiertas — dócil,
disponible y genuinamente esperando que el Cristo resucitado aparezca?
Oración
Señor resucitado, no eres un
recuerdo ni una tradición. Estás vivo y estás aquí. Abro mi corazón a ti — no a
la versión de ti que he construido, sino al verdadero tú, el tú viviente, el
Señor crucificado y resucitado. Entra en las habitaciones cerradas de mi vida.
Habla tu paz. No quiero perderte. Amén.
Wednesday, April 1, 2026
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Thursday, March 26, 2026
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Marzo 26, 2026:
By Dr. Dimas Castillo

