Lectura Biblica:“Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” — Gálatas 4:6
En
todas sus oraciones registradas, Jesús se dirige a Dios como “Padre”, casi
sesenta veces en los Evangelios. Esto era asombroso para quienes lo escuchaban.
En todo el Antiguo Testamento, a lo largo de treinta y nueve libros, Dios es
llamado “Padre” solo catorce veces, y casi nunca en un llamado personal y
directo. Llamar a Dios “Abba”, la palabra tierna e íntima que un hijo usa para
dirigirse a su padre, era algo completamente nuevo. Comunicaba algo que el
mundo nunca había oído: que el Dios del universo es accesible, cercano y
personal.
Esto
es exactamente lo que atrajo a los discípulos. Habían crecido orando segúún
la tradición: fórmulas y oraciones fijas ofrecidas a horas establecidas. Pero
Jesús oraba como un hijo que habla con un padre a quien ama y en quien
confía. Había calidez en ello. Había libertad. Y ellos la querían. La buena nueva del Evangelio es que por medio de Cristo, nosotros tenemos
ese mismo acceso. No somos siervos acercanédonos a un rey distante; somos hijos
adoptados bienvenidos a la presencia de un Padre amoroso.
Jesús
fue a la cruz y cargó con la úúnica oración que jamás quiso orar: “Dios mío,
Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”, precisamente para que tú nunca
tuvieras que pronunciar esas palabras. Su abandono aseguró tu aceptación.
Porque él cargó la ira, tú recibes el abrazo. Puedes acercarte a Dios como
“Abba, Padre” y saber con certeza que Él te escucha.
Aplicación
En tu tiempo de oración hoy, resistía la tentación de usar un lenguaje formal o distante. Háblale a Dios como un hijo le habla a su padre: con honestidad, sencillez y personalidad. Cuéntale lo que temes, lo que agradeces, lo que necesitas. Deja que tu oración sea una conversación, no una presentación.
Abba, Padre, vengo a ti como tu hijo. Gracias porque a causa de Jesús no necesito ganarme el derecho a estar en tu presencia ni impresionarte con mis palabras. Ya me amas. Ya me conoces. Ensíñame a descansar en ese amor al orar, y que la intimidad contigo sea el fundamento de mi vida. Amén.




