Efesios 5:17 (NVI)
"Por lo tanto, no seáis insensatos, sino comprended cuál es la voluntad del Señor."
Meditacion
La sabiduría en las Escrituras nunca es meramente intelectual. No se trata solo de acumular conocimiento o agudizar la mente. La verdadera sabiduría es moral y relacional: es conocer, creer, desear y hacer la voluntad de Dios. Y en su esencia, la sabiduría requiere renunciar a la propia voluntad. La necedad dice: «Quiero que se haga a mi manera». La sabiduría dice: «Hágase tu voluntad».
Esta es la palabra más difícil de nuestra vida, no por su complejidad teológica, sino porque toca la fibra sensible. Por naturaleza, somos obstinados. Queremos trazar nuestro propio camino, seguir nuestros instintos y confiar en nuestro propio juicio. Incluso como creyentes, podemos disfrazar nuestra obstinación con un manto espiritual: llamamos a nuestras preferencias «convicciones», a nuestros deseos «vocaciones» y a nuestros planes «la guía de Dios». La sabiduría desenmascara la hipocresía y nos llama a algo más profundo: una entrega genuina y sincera a la voluntad de Dios.
Jesús es nuestro modelo y nuestra motivación. Él dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió» (Juan 4:34). No se trata solo de conocer la voluntad del Padre, sino de deleitarse en ella, de encontrarla nutritiva, satisfactoria y vivificante. Ese es el propósito de la vida cristiana: no una obediencia a regañadientes, sino un amor sincero por la voluntad de Dios.
Aplicación
¿Hay algún aspecto de tu vida en el que te aferras a tu propia voluntad: una relación, una decisión, un plan, un miedo? Dedica cinco minutos a la oración sincera, abriendo ese aspecto a Dios. Escribe: «Señor, no se haga mi voluntad, sino la tuya».
Oración
Padre, confieso mi afán por controlarlo todo y mi firmeza al intentar cumplir mis planes. Perdona mi obstinación. Quiero ser alguien que no solo conozca tu voluntad, sino que la ame; que, como Jesús, descubra que hacer tu voluntad alimenta mi alma. Toma lo que tengo hoy y haz con ello lo que te plazca. En el nombre de Jesús, Amén.
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