Thursday, June 11, 2026

"Sed misericordiosos"

 


"Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia". — Mateo 5:7

 Llega un momento en toda relación en el que alguien nos agravia y la elección se vuelve inevitable: ¿responderemos con represalias o con misericordia? Jesús no describe la misericordia como un sentimiento, sino como una acción. En la parábola del buen samaritano, se elogió a aquel que "actuó" movido por la compasión. La misericordia no es lo que sentimos, sino lo que hacemos cuando la sentimos. Y Jesús afirma que quien vive de esta manera es bienaventurado, pues cuenta con la aprobación misma del cielo.

Pero he aquí el fundamento que hace posible la misericordia: solo fuimos misericordiosos después de haber recibido misericordia. Pablo nos recuerda en Efesios 2:4 que Dios, rico en misericordia, intervino en medio de nuestro pecado y nos salvó; no porque lo mereciéramos, sino por su gran amor. Cuando esa verdad arraiga en el corazón, algo cambia. Empezamos a ver a quienes nos han hecho daño de otra manera. Recordamos que nadie nos ha agraviado jamás tanto como nosotros hemos agraviado a Dios, y aun así, Él nos perdonó por completo. Desde esa perspectiva, la misericordia fluye no como una obligación, sino como una respuesta a la gracia ya recibida.

Aplicación personal

¿Hay alguien en tu vida a quien le hayas negado la misericordia, diciéndote tal vez "no puedo" cuando la verdad es "no quiero"? Pide a Dios que te revele la profundidad de la misericordia que Él ya te ha otorgado. Luego, con su amor como fuente, da hoy un paso hacia esa persona: una llamada, una palabra o una oración en su favor. No puedes dar lo que no has recibido, pero la realidad es que *sí* lo has recibido.

Oración

Padre Celestial, confieso que la misericordia no siempre me surge de forma natural. Recuerdo con mayor facilidad las ofensas recibidas que aquellas que yo he cometido contra Ti, así como la gracia extraordinaria con la que las perdonaste. Ablanda hoy mi corazón. Permite que la misericordia que he recibido de Ti rebose en todas mis relaciones. Que mi vida refleje a Aquel que, incluso desde la cruz, extendió misericordia a quienes no la merecían. En el nombre de Jesús, amén.

Que Dios te bendiga y te guarde siempre.

Pastor Dimas

 

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