"Bienaventurados
los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia". — Mateo 5:7
Llega un momento en toda relación en el que alguien nos agravia y la elección se vuelve inevitable: ¿responderemos con represalias o con misericordia? Jesús no describe la misericordia como un sentimiento, sino como una acción. En la parábola del buen samaritano, se elogió a aquel que "actuó" movido por la compasión. La misericordia no es lo que sentimos, sino lo que hacemos cuando la sentimos. Y Jesús afirma que quien vive de esta manera es bienaventurado, pues cuenta con la aprobación misma del cielo.
Pero he
aquí el fundamento que hace posible la misericordia: solo fuimos
misericordiosos después de haber recibido misericordia. Pablo nos recuerda en
Efesios 2:4 que Dios, rico en misericordia, intervino en medio de nuestro
pecado y nos salvó; no porque lo mereciéramos, sino por su gran amor. Cuando
esa verdad arraiga en el corazón, algo cambia. Empezamos a ver a quienes nos
han hecho daño de otra manera. Recordamos que nadie nos ha agraviado jamás
tanto como nosotros hemos agraviado a Dios, y aun así, Él nos perdonó por
completo. Desde esa perspectiva, la misericordia fluye no como una obligación,
sino como una respuesta a la gracia ya recibida.
Aplicación
personal
¿Hay
alguien en tu vida a quien le hayas negado la misericordia, diciéndote tal vez
"no puedo" cuando la verdad es "no quiero"? Pide a Dios que
te revele la profundidad de la misericordia que Él ya te ha otorgado. Luego,
con su amor como fuente, da hoy un paso hacia esa persona: una llamada, una
palabra o una oración en su favor. No puedes dar lo que no has recibido, pero
la realidad es que *sí* lo has recibido.
Oración
Padre
Celestial, confieso que la misericordia no siempre me surge de forma natural.
Recuerdo con mayor facilidad las ofensas recibidas que aquellas que yo he
cometido contra Ti, así como la gracia extraordinaria con la que las
perdonaste. Ablanda hoy mi corazón. Permite que la misericordia que he recibido
de Ti rebose en todas mis relaciones. Que mi vida refleje a Aquel que, incluso
desde la cruz, extendió misericordia a quienes no la merecían. En el nombre de
Jesús, amén.
Que Dios te
bendiga y te guarde siempre.
Pastor Dimas

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