LECTURA BÍBLICA
«Sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres.» Efesios 6:7 (RVR1960)
MEDITACIÓN
¿Cómo mantienes la sinceridad y la consistencia cuando el trabajo es
duro, rutinario y monótono? Toda vocación tiene sus tramos tediosos: las tareas
que se repiten día tras día, una y otra vez. La fuerza de voluntad, por sí sola, no puede mantener una buena actitud durante años de monotonía. Pablo lo
sabe y, por eso, nos da el motor que impulsa toda la ética cristiana del
trabajo: «como al Señor y no a los hombres». Lo haces para Jesús.
Aquí está el poder transformador del Evangelio obrando en los detalles de
nuestra rutina diaria: puede tomar la monotonía y transformarla en alabanza.
Toma el trabajo y conviértelo en adoración. Acomodar mercancía, doblar la
ropa, preparar comida rápida, curar heridas, corregir exámenes: el Evangelio hace de
cada tarea un espacio para la oración y la alabanza. Ora y trabaja; trabaja y
ora. Cuando Jesús es Aquel para quien se hace la tarea, ninguna tarea vuelve a
ser simple.
La secta "Los Shakers" del siglo dieciocho, a pesar de sus serios errores
teológicos, dejó un dicho digno de recordar —que explica por qué todo lo que salía de sus manos parecía marcado por tanta belleza—: «Manos al trabajo y
corazón a Dios». Ambas cosas juntas, todo el tiempo. Esa es la visión de Pablo.
Haz de tu trabajo adoración. Haz de lo rutinario el vehículo de tu devoción.
Hazlo para Jesús, y verás la rutina diaria convertirse en una ofrenda diaria.
APPLICACION
Escribe la frase «Manos al trabajo, corazón a Dios» en una tarjeta o nota adhesiva y colócala donde realizas tu trabajo más repetitivo esta semana. Cada vez que tus ojos la encuentren, convierte la tarea que tienes entre manos en una breve oración de alabanza: dale gracias a Dios por las fuerzas para trabajar y ofrécele el trabajo en sí.
ORACIÓN
Señor, me has dado manos para trabajar
y un corazón hecho para Ti. Toma las labores ordinarias de este día —las que
nadie aplaude— y recíbelas como adoración. Que mi trabajo suba delante de Ti
como alabanza, y que mi corazón permanezca fijo en Ti en medio de él. Amén.
Que el Señor te bendiga y te guarde y que el Señor permita que estas palabras te ayuden a renovar tu espíritu.
Pastor Dimas

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