Romanos 8:31–34
Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? Romanos 8 está lleno de algunas de las mayores promesas de esperanza y seguridad que encontramos en toda la Escritura. Pablo nos recuerda que no hay condenación para los que están en Cristo, que somos hijos de Dios, que el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad y que Dios obra todas las cosas para el bien de los que le aman. Ahora, al llegar a la conclusión de este gran capítulo, Pablo formula cuatro preguntas destinadas a fortalecer nuestra confianza en Dios. Si Dios está por nosotros, ningún enemigo puede derrotarnos en última instancia. Si Dios no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros, podemos estar seguros de que no nos abandonará. Si Dios nos ha justificado, ninguna acusación podrá finalmente prevalecer contra nosotros. Y si Cristo murió, resucitó y ahora intercede por nosotros, ¿quién puede condenarnos?
Estas verdades nos recuerdan que nuestra
seguridad no depende de qué tan bien nos estemos desempeñando, sino de lo que
Dios ya ha hecho por nosotros por medio de Jesucristo. Podemos tropezar.
Podemos fallar. Otros pueden criticarnos, y Satanás puede acusarnos. A veces,
nuestra propia conciencia puede recordarnos nuestros fracasos. Sin embargo,
nuestros fracasos no cambian el veredicto que Dios ya ha declarado sobre
quienes están en Cristo: justificados, perdonados y aceptados. Jesús pagó
por completo nuestra deuda y ahora se presenta como nuestro abogado ante el Padre. Nuestra salvación no depende de nuestra capacidad de aferrarnos a
Dios, sino de la fidelidad de Dios para sostenernos.
Aplicación:
Tal vez hoy estás luchando con el temor, el fracaso o sentimientos de
condenación. Quizás has permitido que tus errores del pasado sean más fuertes
que las promesas de Dios. Tal vez te preocupa haberle fallado tanto a Dios que
Él te abandone. Romanos 8 te llama a dejar de mirarte principalmente a ti
mismo y comenzar a mirar a Cristo. Tu confianza no reside en tu
obediencia perfecta, en tus logros ni en la opinión de los demás. Tu confianza se
encuentra en la obra consumada de Jesús. Cuando Satanás te recuerde tus
fracasos, recuerda que Cristo ya pagó por tus pecados. Cuando te sientas solo,
recuerda que Dios no entregó a su Hijo por ti para abandonarte después. Cuando
otros te critiquen, recuerda que la opinión más importante es la de Dios. Y
cuando tengas la tentación de vivir con timidez por tus fracasos, recuerda
que Dios te ha llamado a vivir con confianza y valentía. Estas verdades no son
simplemente ideas teológicas para estudiar; son promesas para vivir de acuerdo
con ellas. Porque Dios está contigo, puedes enfrentar tus circunstancias con
valor. Porque Cristo intercede por ti, puedes servirle con gozo. Porque tu
salvación descansa en Él, puedes levantarte cuando caigas y seguir caminando
fielmente con Él. Mantén tus ojos puestos en Cristo en lugar de estar
constantemente midiendo tus éxitos y fracasos. Tú le perteneces, y Él te
llevará hasta el final.
Oración
Padre, gracias por la seguridad que nos has dado por medio de Jesucristo. Cuando tengamos miedo, recuérdanos que Tú estás con nosotros. Gracias porque Jesús murió por nuestros pecados, resucitó y ahora intercede por nosotros. Ayúdanos a dejar de vivir bajo el temor y la condenación y a comenzar a vivir con confianza, valor y gozo. Cuando tropecemos, ayúdanos a volver a mirar a Cristo en lugar de quedarnos atrapados en nuestros fracasos. Danos valentía para servirte, fidelidad para seguirte y confianza en tus promesas. Mantén nuestros ojos puestos en Jesús, sabiendo que nuestra salvación está segura en Él y que Tú, fielmente, nos llevarás a casa. En el nombre de Jesús. Amén.
Que pasen un dia bendecido
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