“Pero él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.” — Lucas 5:16
Lucas
presta una atención inusual a los hábitos de oración de Jesús. Registra cómo
oró en su bautismo, antes de elegir a los doce discípulos, solo en la montaña
durante noches enteras. Esto no es accidental. Lucas quiere que veamos algo: la
oración no era para Jesús una medida de emergencia. Era un patrón, un ritmo,
una disciplina tejida en el tejido de su vida diaria.
Lo
que hace esto tan llamativo es quién está orando. Este es el Hijo de Dios,
aquel por quien todo fue creado, en quien habita toda la plenitud de la Deidad.
Y sin embargo, se apartaba. Se alejaba de las multitudes, de los discípulos,
incluso de su propio ministerio, para estar a solas con el Padre. Si el
Dios-Hombre consideraba la oración indispensable, ¿qué dice eso de nuestra
propia necesidad?
Los
discípulos observaron este patrón mucho antes de pedir que se les enseñara.
Jesús ya les estaba mostrando el modelo de vida al que los llamaría. La
oración fiel no ocurre por accidente. Se construye lenta e intencionalmente,
mediante hábitos y ritmos que crean espacio para Dios. Hoy, considera los
hábitos que moldean tu propia vida, y dónde se encuentra la oración entre
ellos.
Aplicación
Mira honestamente tu agenda diaria. ¿Dónde vive actualmente la oración, y dónde queda desplazada? Identifica un momento y un lugar específicos en tu día que protegerás para la oración esta semana. Escríbelo. Trátalo como una cita que guardas con el Señor.
Oración
Padre, confieso que le doy a la oración lo que sobra después de todo lo demás. Perdóname. Ayúúdame a seguir el ejemplo de tu Hijo, quien hizo de la comunión contigo una prioridad aúún en medio de un ministerio exigente. Dame la disciplina y el deseo de apartarme, guardar silencio y buscar tu rostro. Amén.

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