Abril 12, 2026: La Invitación a Venir
“Uno de sus discípulos le dijo: Señor, ensíñanos a orar.” — Lucas 11:1
MEDITACIÓN
Hay algo profundamente hermoso en la petición de los discípulos. No le pidieron a Jesús que orara por ellos, sino que los enseñara a orar. Querían entrar en lo que habían observado: ese lugar de comunión tranquila, íntima y dependiente que Jesús practicaba una y otra vez. Habían visto lo suficiente como para saber que les faltaba algo, y eran lo suficientemente humildes para admitirlo.
Esa confesión es en sí misma una forma de oración. Decir, “No sé cómo hacerlo,” y llevar esa admisión a Jesús es comenzar. Los discípulos ya habían sido enseñados a orar por Juan el Bautista y por las tradiciones sinagogales de su infancia. Sin embargo, esas formas se sentían insuficientes frente al ejemplo vivo de Jesús. Había una profundidad en sus oraciones que no habían encontrado en ningúún otro lugar.
Jesús no los rechazó. No dijo: “Ya deberían saber cómo.” Se sentó y les enseñó. Ese mismo Maestro está listo para enseñarte. El mejor lugar para comenzar una vida de oración es exactamente donde comenzaron los discípulos: con una petición honesta, humilde y urgente: “Señor, eneñame a orar.”
APLICACIÓN
Aparta cinco minutos de silencio hoy. En lugar de comenzar con una lista de peticiones, comienza con las propias palabras de los discípulos: “Síñor, ensíñame a orar.” Quédate con esa oración. Pide al Espíritu Santo que despierte en ti un nuevo deseo de comunión más profunda con Dios.
ORACIÓN FINAL
Señor Jesús, confieso que mi vida de oración es con frecuencia superficial y apresurada. Vengo a ti hoy como tu discípulo, no con respuestas sino con necesidad. Ensíñame a orar, no como una obligación que cumplir, sino como un hijo que se acerca a su Padre. Comienza en mí lo que solo tú puedes comenzar. Amén.
Pastor Dimas

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