“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y
en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis
estar firmes contra las asechanzas del diablo.” (Efesios 6:10–11, RVR1960)
Me
ditación
Antes
de mencionar una sola pieza de la armadura, Pablo te dice dónde estás parado:
en una guerra. No es una guerra que hayas elegido, ni una de la que puedas salir
cuando quieras, sino una batalla espiritual real y constante que no cesará
hasta que Cristo regrese. Puede resultar inquietante escuchar esto en una
mañana tranquila, con café en mano, pero también hay algo que aporta estabilidad al
saberlo. Si has sentido cansancio, oposición o desgaste últimamente, no es
porque algo ande mal con tu fe. Es porque estás exactamente donde Pablo dijo que
estarías.
Fíjate también de dónde viene tu fuerza. Pablo no te dice “esfuérzate más” ni “saca
fuerzas de donde no hay.” Te dice: «Fortalécete en el Señor y en el poder de su fuerza». La armadura no es algo que tú fabricas a puro esfuerzo propio. Es algo
que se te entrega. Tu parte es vestirte de ella — recibir lo que Dios ya te ha
provisto, en lugar de inventar tus propias defensas.
Aplicación
Haz
un inventario sincero esta mañana: ¿en qué área has estado tratando de librar una batalla espiritual con pura fuerza humana, apretando los dientes y luchando
solo con tu propia voluntad? Nombra esa área, y entrégasela conscientemente a
la fuerza del Señor en lugar de la tuya, antes de levantarte de la cama.
Oración de Cierre
Señor,
gracias por ser honesto conmigo acerca de la batalla en la que estoy. Perdóname
por las veces que he tratado de pelearla con mis propias fuerzas. Hoy,
fortáleceme con tu gran poder, y recuérdame durante todo el día que la armadura
que necesito es tuya para dar, no mía para construir. En el nombre de Jesús,
amén.
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