La
oración no es solo personal. Da forma al mundo. Una de las
verdades más asombrosas sobre la oración es: Dios ha ordenado que sus propósitos
eternos frecuentemente solo se cumplan en respuesta a nuestras oraciones. Él es
soberano sobre todas las cosas y, sin embargo, en su sabiduría, ha ligado el
avance de su reino a las intercesiones de su pueblo. La oración no es una
manera de informar a Dios de cosas que él no sabe. Es el medio divinamente
establecido por el cual se derrama su gracia.
Por
eso la petición de los discípulos no era solo personal sino también misional.
Habían sido enviados en misión. Habían visto demonios huir y enfermos ser
sanados. Habían vislumbrado algo del reino irrumpiendo en el mundo a través
del ministerio de Jesús. Y entendían, al verlo orar, que el poder detrás de
la misión fluye de esta fuente: la comunión con el Padre.
¿Quieres
ver pecadores salvos? ¿Quieres que tus hijos y nietos sigan a Jesús? ¿Quieres
que la iglesia sea fortalecida, que el reino avance, que las tinieblas cedan?
Entonces ora. No porque tus oraciones dobleguen el brazo de Dios, sino porque
él ha elegido, en su gracia, dejar que su pueblo participe en lo que está
haciendo. Tus oraciones importan. Son escuchadas. Y mueven la mano que mueve el
mundo.
Aplicación
Amplía tu oración hoy más allá de tus necesidades personales. Ora específicamente por una persona que conoces y que aúún no sigue a Cristo. Ora por el ministerio de tu iglesia local, para que Dios lo use para hacer avanzar su reino. Ora por la iglesia global. Deja que tu oración sea tan amplia como el reino.
Padre, confieso que mis oraciones son con frecuencia demasiado pequeñas, demasiado centradas en mi propio bienestar y demasiado poco preocupadas por tu gloria y tu reino. Engranda mi corazón. Dame una carga por los perdidos, un amor por tu iglesia y una pasión por que tu nombre sea conocido. Usa mis oraciones como instrumentos de tu propósito en este mundo. Venga tu reino. Amén.






