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EFESIOS 6:10–13 (RVR1960) "Por lo demás, hermanos míos,
fortaleceos en el Señor... porque no tenemos lucha contra sangre y carne,
sino contra principados... contra huestes espirituales de maldad." |
MEDITACIÓN
Antes de poder vestirte con la
armadura, tienes que admitir que estás en una lucha. Ahí es donde Pablo
comienza, y ahí es donde nosotros también debemos comenzar. La tentación, para la mayoría de nosotros, no es negar la vida cristiana por completo, sino caminar
dormidos a través de ella, olvidando que cada día despertamos en territorio
disputado. Pablo no quiere que te sorprenda la tentación cuando te embosca,
cuando la duda se cuela, cuando las relaciones se desgastan sin razón aparente.
Quiere que veas con claridad: esto es una guerra y nunca se ganaría con tus
propias fuerzas.
Fíjate a dónde te dirige Pablo
primero: no a tu fuerza de voluntad, sino a "el Señor y en el poder de su
fuerza." Esa no es una frase superficial. Es el eje de todo el pasaje. Cada
pieza de la armadura que sigue solo funciona porque Él la provee. Tú nunca
fuiste hecho para apretar los dientes y esforzarte más. Fuiste hecho para ser
fortalecido por alguien más grande que la propia batalla.
Y aquí está la misericordia en
todo esto: tu oponente no es la persona que te hirió, la circunstancia que te
frustra, ni siquiera el patrón de pecado que sigue haciéndote tropezar. Pablo
dice que nuestra lucha no es contra la sangre y la carne. Eso cambia todo. La persona
al otro lado de tu conversación difícil esta semana no es, en el fondo, tu
enemigo; puede que esté atrapada en la misma batalla que tú.
APLICACIÓN
Hoy, nombra un área de tu vida
en la que has estado peleando con tus propias fuerzas en lugar de con las del
Señor. Escríbela. Luego ora específicamente para que Dios te fortalezca ahí, no
solo para que sobrelleves, sino para que verdaderamente te fortalezca.
ORACIÓN
FINAL
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ORACIÓN Señor, confieso cuán a menudo
olvido que estoy en una batalla. Perdóname por los días en que he tratado de
pelear con mis propias fuerzas y he llegado a casa agotado. Fortaléceme hoy
con tu gran poder y ayúdame a ver con claridad contra quién —y contra qué—
realmente estoy luchando. En el nombre de Jesús, amén. |




